Ya no puedo más. Cuándo pedir ayuda. Gestiona tu estrés

Según el VII Estudio avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), 12 millones y medio de españoles en edad adulta se sienten estresados frecuente o continuamente.

¿Qué nos hace el estrés?

Julio Maset, experto médico y portavoz del estudio, explica que sentir estrés es una reacción rápida del cuerpo ante una demanda, por lo que, en un principio, no tiene por qué ser negativa. “El problema surge cuando el individuo no cuenta con los recursos suficientes para afrontar esa reacción y se siente sobrecargado. Si esa situación se prolonga en el tiempo, la salud física y mental de la persona puede acabar deteriorándose”, apunta el especialista.

A diario trabajo con padres y madres que miran al futuro con ilusión, entusiasmados por comenzar la bella aventura de formar su propia familia. Así es, así lo vemos y lo vivimos, pero a menudo no basta con la actitud y nos vamos encontrando con pequeños obstáculos que nos fuerzan a repensar nuestras estrategias.

En ocasiones deberemos enfrentarnos a la difícil tarea de gestionar las temidas rabietas de nuestros hij@s en mitad del supermercado, mientras estamos siendo observados por otras personas con evidentes gestos de desaprobación. Los parques comenzarán a formar parte de nuestra cotidianidad y será complejo manejar las reglas de dicho territorio.También podréis sentir culpa al incorporaros a vuestro trabajo, o sentirla si decidís quedaros  en casa a cuidar,¿ sexo? pues ya me dirás cuándo, y dónde. Estos son algunos ejemplos de factores que contribuyen a alimentar el estrés y empeorar nuestro clima familiar.

¿Os sentís identificad@s con los anteriores ejemplos?. Las familias usuarias de mis Sesiones de Orientación Educativa y Familiar en Málaga a menudo me manifiestan su preocupación por la saturación y la presencia del estrés en sus vidas. Es fundamental hacer equipo para que la mapaternidad no sea una pesadilla de no dormir, de cargar y de aguantar. Y si estás sola en la aventura, seguro que eres un hacha, pero… ¿También te identificas con las situaciones anteriores?

El estrés en la familia: consecuencias.

La gestión inadecuada del estrés (personal o laboral), los miedos y nuestras inseguridades cotidianas, puede derivar en diversas consecuencias de las que muchas veces no somos conscientes:

– Ambiente crispado. Es decir, de repente un día te das cuenta de que varios tramos del día se caracterizan por ser vividos en el hogar con mucha tensión. Esto puede desencadenar en algún que otro  grito, un gesto que en condiciones más sosegadas no harías, resoplidos, prisas por hacer las cosas, y finalmente, agotamiento (físico y psicológico).

– Falta de autocontrol. El 90% de los conflictos y malestares que se viven en el hogar, surgen por la falta de autocontrol de los adultos.

– Transmisión a l@s hij@s de miedos, inseguridades, ansias, manías o autoestimas dañadas que no van a entender. Todo sin comerlo ni beberlo. Los niños son esponjas emocionales que absorben todo a su alrededor.

– Disminuye la calidad de la comunicación y el vínculo de pareja. La mayor parte del tiempo estamos cansados (el/la que se queda en casa a cuidar y el/la que sale a trabajar, o ambas opciones). Tenemos prisa por que el día finalice y no queda sitio para jugar con los pequeñ@s, disfrutar del momento de dormirles, o de darles de comer en un ambiente de calma y disfrute. La vida de pareja debe reajustarse a las nuevas rutinas y horarios, el humor no siempre es el ideal, el cansancio o falta de sueño  puede causar estragos…

– Incapacidad de reacción adecuada cuando ocurre algún contratiempo. Evidentemente a todos nos preocupa que los niñ@s enfermen, o que nos digan que en el cole no se han portado bien, o que nuestro jefe nos ha dicho que nos ve flojos desde hace tiempo, que nos pongamos las pilas, etc. Pero si nos encontramos extenuados, malhumorados y sobrepasados, nos vamos a tomar dichas situaciones de un modo mucho más dramático y con poca claridad mental para actuar de manera coherente.

– Sufriremos rabietas. Pues sí, los niñ@s pequeños no tienen el monopolio de las rabietas. 
Los adultos cuando estamos agotados, frustrados y nos sentimos incomprendidos también acabamos teniendo una llantina de campeonato, o le gritamos a nuestra pareja o nos enfrascamos en un camino que no es el más idóneo. ¿Os suena?

– Dejamos de escucharnos. ¿Qué me está pasando? ¿por qué me siento así? Son preguntas que pueden ayudarnos a recuperar el foco (que siempre debemos ser nosotr@s) y que dejamos de hacernos para convertirnos en seres robóticos funcionales.

– Pasamos a un segundo lugar. Y a un tercero y cuarto y quinto y… Así nos han enseñado, que cuando traemos al mundo un vástago, perdemos nuestra identidad para pasar a ser “la madre de” “el padre de”.

– Cambia nuestro diálogo interior. “no puedo”, “lo estoy haciendo mal”, “me siento culpable por desear un café con mis amigas o un par de horas para estar sol@, o para ir a la peluquería o practicar deporte”, “qué pensarán los demás” etc. Cuando empezamos a hablarnos asi, es el momento de pedir ayuda.

Busca alivio.

– Aprendamos a delegar. No hay nada de malo en que otra persona ocupe nuestro lugar durante unas horas, y si, además de atender a los retoños, se les enseña y estimula, ¿qué más se puede pedir?. Recuerda, Tribu 🙂

– Pide ayuda. No somos seres indestructibles que deben hacer todo sin fallar ni sentirse mal nunca.

– Date tus  momentos. Aunque sean pequeños, son tremendamente necesarios. Somos padres y madres pero también tenemos derecho a ser y hacer muchas más cosas. Esa visión saludable nos proporcionará calma y rumbo.

– Abre tu mente. Atrás quedaron los tiempos en los que las familias que contaban con niñeras, coaching o asistentes de hogar eran familias adineradas y con un enfoque elitista de la educación y crianza. Actualmente necesitamos ayuda; es prioridad: clases particulares para reforzar a los hij@s, una persona que nos ayude a gestionar situaciones nuevas que nos confunden o nos hacen sentir perdidos (pañal, alimentación, rabietas, relajación, trabajo en equipo, etc). Ayuda con las limpiezas o los tuppers, como por ejemplo, Ana, orienta y apoya a las familias en los aspectos organizativos de su hogar.

¿Te identificas?

Madre, padre, apóyate. La mapaternidad es una aventura desconocida e intensa que nos llena de amor y valentía; aun así es beneficioso practicar la sororidad, buscar el apoyo de otras madres o parejas que estén pasando lo mismo, con las que podamos hablar abiertamente de lo que sentimos, así nos daremos cuenta de que no somos bichos raros. Nos sentiremos arropados. Hoy en día existen asociaciones, grupos que se reúnen periódicamente, personas que hacen tribu y descargan sus inquietudes; aquí te animo a hacer tribu.

Mujer, escúchate y compréndete. Nos han inculcado la falsa creencia de que el puerperio pasa en cuarenta días y a partir de entonces ya debes estar entera y recuperada en todos los aspectos. Una mujer tarda bastante más tiempo en re-conocerse, recuperar su centro y enfocar la vida con todas las vicisitudes a las que nos exponemos diariamente. El cuerpo tarda en volver a ser como antes, las hormonas  revolucionan nuestras reacciones y pasan cosas que muchas personas de nuestro entorno no van a entender. Seamos tiernas con nosotras. Tendremos que enfrentarnos a opiniones ajenas, seremos observadas a veces y el juicio oculto nos someterá a menudo.

Si necesitáis ayuda para gestionar el estrés, contad conmigo. Tras una valoración establezco un plan de trabajo dividido en sesiones para proporcionar calma y herramientas útiles a las familias que lo necesiten; puedes concertarme una cita aqui para un encuentro presencial o por videoconferencia y trabajaremos juntos un plan personalizado.

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«Nuestro destino empieza en los pensamientos. (…).Si cambias tus pensamientos, automáticamente cambia lo que escoges. También cambia tu comportamiento, tus experiencias, y entonces va a cambiar tu estado emocional. Y todo ello dará lugar a importantes cambios biológicos y fisiológicos en el cuerpo y el cerebro. En cierto modo seremos otros.”

Joe Dispenza, doctor en Neurociencia

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